Este pedacito de patria los recibe siempre con toda la generosidad que nuestros abuelos nos enseñaron para ofrendar aquellas manos que nos abrigan, que nos acompañan que caminan a nuestro lado. Sean todos ustedes bienvenidos a su pueblo, a esta orilla de dignidad que han ondeado desde otras hermanas orillas y con cada esfuerzo, con cada corazón, una y otra vez seguimos venciendo la derrota, la desesperanza, la mezquindad, el odio… esa maleza colonizadora y deshumanizante. 

Bienvenidas y bienvenidos todos aquellos que nos han hecho mejores seres humanos y más hermanos de la vida.

De cómo miramos estos 17 años de lecciones, lucha y resistencia contra el Aeropuerto de muerte.

Antes del 22 de octubre del 2001, nuestra vida comunitaria no era diferente a la de otros pueblos marginados por un lado, pero por otro, aparentemente indiferentes a los ojos del capital. Tradiciones, fiestas, carnaval, solidaridad y abrigo ante la partida de un ser querido, apoyo mutuo a la hora de sembrar y cosechar los frutos de la madre tierra y el trabajo en el campo, problemas básicos cotidianos a resolver entre todos como: el alumbrado, la construcción y mantenimiento a las escuelas de nuestros hijos, mantenimiento a las calles y lugares de uso común, la misma seguridad interna. Sí, por supuesto, había diferencias políticas y problemas y polémicas, pero hasta cierto punto en nuestra cotidianidad predominaba la convivencia con respeto, un principio que nuestros mayores nos inculcaban desde pequeños por encima de todas las diferencias que pudieran existir. Sí, había mucho qué hacer en cuanto al acceso a la educación, a la salud, al empleo mismo. Sí, antes del 2001 Atenco y los pueblos hermanos de la orilla del agua y toda esta región de la zona oriente del Estado de México, ya demandaban un mejor desarrollo social y económico que lo hicieran resplandecer de manera integral y con una visión humanista y no bajo la visión del partido político que cultural e ideológicamente predominaba también en esta región: el PRI.

El 22 de octubre de 2001 nos cambió la vida y decidimos por un camino: resistir, luchar hasta vencer por la vida y con nuestra vida, si eso fuese necesario. Una vez que la bestia posó su mirada en nuestro territorio ya no hubo más carnaval de júbilo, ni un solo día de tranquilidad. El 22 de octubre de 2001, la mañana fue tomada por asalto con un decreto expropiatorio que despojaba a cientos de ejidatarios, pero en los hechos nos despojaba a todas y todos de la tierra que un siglo atrás nuestros abuelos habían recuperado con la revolución mexicana que encabezó nuestro general Emiliano Zapata, Francisco Villa y muchas mujeres y hombres dignos. También nosotros nos preguntamos qué camino había que tomar después de que una orden del presidente en turno había ordenado el despojo. No dudamos, aunque bien a bien no sabíamos que ocurriría, no lo dudamos y elegimos luchar y resistir con el único objetivo de echar abajo el decreto expropiatorio y por tanto el gran proyecto aeroportuario hasta que la tierra volviera a las manos de los únicos dueños: el pueblo. 

¿Había miedo? sí, sí había miedo. ¿había incierto y zozobra? sí, porque quizás por primera vez a estas generaciones nos tocaba volver a abrir un surco en la historia machete en mano como el que nuestros abuelos ya habían trazado y esta vez nos tocaba la responsabilidad de asumir con sabiduría y firmeza las consecuencias que podían venir. Sin embargo, en ese “desconocimiento” sólo caminando descubrimos que había otras y otros como nosotros, que también luchaban, que también se había decidido a luchar y defender lo justo: por la educación, por el campo, el respeto a los pueblos y derechos indígenas, por los recursos naturales, contra la privatización de nuestros derechos y conquistas sindicales y laborales, contra el saqueo y el entreguismo de nuestra patria, y también, por aquellas luchas que hoy en día recuperan rostro y un tono más fuerte por la agudeza que alcanzan ante el horror como la lucha de las mujeres por su propia vida, la lucha por el aborto legal, la lucha contra todas las formas de violencia, la lucha por la diversidad y el respeto a amar a quien decidimos amar.

NO OLVIDAMOS Imposible no mencionar el mayo rojo del 2006, esa venganza vil de una bestia que años atrás se sintió herida por haber sido derrotada y sobre todo, ofendida, todo porque el pueblo de abajo, al mismo que subestimó pues históricamente sólo había humillado e impuesto, le demostró que sí es posible conquistar una victoria para aquellos que erróneamente han sido condenados a perder. Atenco y toda la fuerza del pueblo digno demostró que SÍ ES POSIBLE VENCER, QUE ES POSIBLE LA VICTORIA CUANDO HAY DIGNIDAD Y FIRMEZA DE LOS MÁS POSIBLES. 

Imposible olvidar la barbarie y es una cicatriz que llevamos con nosotros como testimonio de lo que no podemos permitir que vuelva a ocurrir en ningún lugar de nuestro país y el mundo, es una cicatriz para recordar que aquello que intentó matarnos nos tuvo que hacer más fuertes, pues nuestra decisión igual que en 2001, ha sido la de vivir, la de defender nuestro derecho a existir y a vivir de pie.

Nos deben justicia. Nos deben la vida de Alexis y Javier Cortés, nos deben la vida de José Enrique Espinosa Juárez, nos deben justicia para cada una de nuestras hermanas torturadas sexualmente que en su propio país no la encontraron y han tenido que recurrir a la Corte Interamericana. Nos deben justicia por cada golpe asestado con odio y saña, nos deben justicia por cada hogar allanado a punta de horror, nos deben un 3 y 4 de mayo de 2006 donde las flores y las canastas de nuestra vida comunitaria debía ser lo único que vistiera esas horas que se convirtieron en asalto, terror e impunidad. Nos deben justicia por cada segundo de libertad que nos arrebataron en nombre de la vileza. Nos deben justicia porque nosotros luchamos por lo justo y ni el odio ni la venganza cabe en estas tierras labradas con amor y futuro.

En 2010 otra vez fue la solidaridad quien nos salvó y devolvió a nuestros nidos. Recuperar fuerza nos ha tomado trabajo, dolor y tiempo. Antes que agachar la cabeza, elegimos luchar y así los años nos ponían a prueba. Tierra o despojo, tierra o muerte lenta. La decisión ya estaba tomada; la tierra sagrada de Nezahualcóyotl, la tierra de los abuelos acolhuas volvió a tocar sus tambores y a rugir con sus cañones. En 2014 la bestia la guerra silenciosa que de por sí ya estaba, se vuelve a declarar cuando Enrique Peña Nieto anuncia la reactivación del suculento negocio a edificar esta vez sobre el Lago, ese que sólo los desmemoriados y deslumbrados no pueden ver. 

Tierra o muerte, Lago o muerte, vida o muerte. Los últimos años no han sido los mejores para la vida interna de nuestros pueblos, pero no seríamos nosotros quienes bajaríamos los brazos resignados y a contra corriente elegimos luchar contra toda la cooptación de los infames que envenenaron consciencias, que compraron voluntades, que engolosinaron con migajas de dinero nuestra pobreza y necesidades, y han tratado de vender un espejismo a cambio de que renunciemos a la tierra y el agua, al trabajo honesto por el bien común que nos hace mejores hombres y mujeres. No ha sido fácil luchar contra los demonios y mezquindades que emergen desde nuestras propias entrañas y contradicciones como seres humanos, pero la decisión estaba tomada: elegimos el camino por la vida; el enemigo nunca ha sido nuestro propio pueblo sino un sistema como el capitalista que necesita de gobiernos dóciles, y un pueblo adormecido y con miedo. 

Hemos tenido días adversos que suman años, con maquinaria e impunidad invadiendo nuestro territorio, con acecho y amedrentamiento permanente, sin ahondar en el cinismo de los tres niveles del gobierno priista y la complacencia de personeros que desde el 2001 ya especulaban con nuestras tierras. Hemos llorado de impotencia por cada día de tejido roto, agraviado. Hemos sentido cómo la tierra ruje y se desgarra ante la traición. Y cuando sentimos que hemos visto y sentido lo peor, despertamos a otra pesadilla cuando vemos cómo nuestra patria es apuñalada por la deshumanización e indolencia de aquellos que han justificado la desaparición forzada de 43 estudiantes normalistas, jóvenes con sueños que más de una vez se han solidarizado con los pueblos de la orilla del agua, y que mes con mes cada 26, caminar junto a los padres y madres de Ayotzinapa se ha convertido en un deber moral hasta verlos de regreso. Es decir que esta orilla está anclada al dolor de una misma patria llamada México, y comprendemos que mientras no desterremos y combatamos todos los males que nos han sembrado, será más complicado lograr la transformación necesaria para el país al que aspiramos. 

Durante todos estos años vimos cómo escaló la represión contra el movimiento social, particularmente desde el 2006, y así, avasallados uno a uno, se nos ha tratado de desmovilizar, criminalizar y exterminar del escenario político, y esta condición ha mermado la capacidad de recuperar y construir la solides que se requiere para hacerle frente a un Estado.

Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra.

¡Agua, Tierra, Libertad!
#YoPrefieroElLago


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